"GREGUERÍAS DE CAMPO. SEGUNDO CUADERNO"

En el Boletín RAMON nº 19 (la revista electrónica en la que encontrarás todo sobre Ramón Gómez de la Serna) se publicó el "Segundo Cuaderno de Greguerías", con textos de José Ramón Guzmán Álvarez e ilustraciones de Javier Pons Bordes.

PAra facilitar su lectura, lo hemos incluido en esta sección:

I.- PRESENTACIÓN

II.- SEGUNDO CUADERNO DE GREGUERÍAS

I.- PRESENTACIÓN

Uno

Un nuevo cuadernito de greguerías de campo.

Imágenes a vuelapluma de aves. Bullebulle de mariposas, menestra de hortalizas y frutas en sazón. Claustro de roquedos, letanía de rompientes. Metáforas de cellisca, de chirimiri, de tierra en tempero. Anaquel de coleccionista de anfibios y coleópteros. Barahúnda de crustáceos y bivalvos, muestrario de amonites, marsupiales y gimnospermas.

Greguerías en donde en las mañanas de abril hermosea el rocío las frondas del taray. Cuán bella delectación para el que lo sepa contemplar… Mayor aún para el que lo distinga entre la muchedumbre de plantas y el que pronuncie o conciba su nombre.

La jerigonza de cantos de este ramillete de ideas: ¿conmoverá a los diletantes vagamundos de paisajes literarios…?; ¿quién sino ellos para sentir el urajeo de la graja o el titeo de la perdiz al pasear entre las hojas del diccionario?

Anotaciones de naturalista. Dibujos sin dibujo de rimador de verso escueto.

Y, ante todo, la duda: ¿desnudará el lector la imagen del colirrojo, pajarillo grácil e inquieto en su deseo por despedir al invierno, si el diccionario de sus símbolos apenas es visitado por ruiseñores melódicos que nunca vio ni escuchó?

Bien es cierto que, ante el desafío semántico y el reto simbólico, es tentador escurrir el bulto observando de puntillas la naturaleza toda. A fin de cuentas, lo más parecido a un árbol es cualquier otro árbol… Invoquemos, por tanto, a la autoridad competente para eludir la inspiración: ¡musas de las fuentes, si es que no estáis profundamente dormidas: hágase presente el árbol, y la flor, y el pájaro, y la bestezuela, que con esto ya nos basta, ya nos sobra! O mejor, ni os despertéis siquiera y dedicaos a vuestras ensoñaciones, que nosotros, vates urbanos, seguiremos complaciéndonos en nuestros menesteres de cibercafés y de avenidas!

Ruego a los dioses que nuestra plegaria no sea advertida y ejecutada, puesto que, si así fuera, sería la victoria definitiva de lo innominado y la humillación del anhelo juanrramoniano: ¡intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas!.

Y dos

La greguería, quintaesencia de la emoción embutida en píldoras de resonancia esdrújula, es un género hipermoderno y ultraurbano, un germen de artefacto virtual que está bien maridado con nuestras prisas. Que se escribe en los bancos públicos, en las mesas de los cafés o de las cocinas. Que glosa acertadamente las tijeras, los encerados y los velocípedos, y, hoy en día, también las videoconsolas y los procesadores.

Pero, ¿y la otra greguería, la greguería del mundo que late sin marcapasos humanos, del mundo que permanece algo ajeno (pues, ¡qué difícil es ser ajeno a nada o a todo en estos tiempos de mescolanzas…!) al orbe inventado, construido, modificado? Aquella otra greguería de Ramón cuando se regocijaba con las golondrinas, encogidas de hombros en su vuelo.

Ese otro mundo que se nos aleja porque nos hemos alejado, ufanos y engreídos en nuestras huras de hormigón.

Ese otro mundo, la naturaleza, para el que todavía necesitamos las herramientas del apego, la palabra y el trazo, los colores y el pálpito.

Ese otro mundo que se pierde en los callejones de la memoria porque de tanto no contemplarlo se nos ha extraviado su vocabulario.

Dónde mejor encontrar greguerías que en las selvas de nuestros jardines, en la naturaleza rústica de las veredas que ya no se transitan, en los bosques umbríos de pinos repoblados. Qué cartapacio de símbolos los cielos que respiran las avenidas, los arriates de flores y recuerdos secos de los cementerios. Y qué promesa de aventuras para los niños que se acerquen al campo, al río y al monte y a los poemas.

Todo destello de la razón poética tiene mucho de presunción y temeridad. Desprendidos de la vacuidad de los ropajes de la impostura, expongamos, pues, nuestras vergüenzas.

No hemos podido refrenar la brida del entusiasmo ante los plumajes de la carraca y la oropéndola, que son pura greguería.

Hemos querido destilar el otoño de los chopos en adjetivos precisos.

Y hemos pretendido que la fugacidad de los momentos se petrifique en hojitas siempre nuevas de primaveras encuadernadas.

Mayo de 2009.

II.- SEGUNDO CUADERNO DE GREGUERÍAS

1.- Las cosechadoras juegan al tetrix en el trigal.

2.- Las chimeneas de la ciudad vierten humo acondicionado.

3.- La neblina es la añoranza de las nubes.

4.- El rumor de la brisa salta a la comba en la catenaria.

5.- Cuando el halcón entra en escena, los estorninos ensayan coreografías agónicas.

6.- El pepinillo del diablo siembra de minas el barbecho.

7.- En las fuentes secas las monedas atesoran los deseos incumplidos.

8.- La reja hiende los terrones de gleba, volteando chotacabras y alcaravanes.

9.- Estornudó la macedonia cuando le añadieron plátano de paseo.

10.- En la inabarcable loma, los olivos se orientan siguiendo las sendas metálicas de las cigarras.

11.- El vencejo anhela surcar, ligero y grácil, el asfalto.

12.- Los setos de las urbanizaciones cobijan cementerios adosados.

13.- El lebrato aprende modales mudos de las piedras y de las vides.

14.- Las salamandras ponen los huevos en estanques amnióticos.

15.- La niebla de las mañanas de otoño aviva las llamas de los arces.

16.- Las espadañas se preparan para los fuegos artificiales de la noche de San Juan.

17.- Muérdago: acróbata de los álamos.

18.- Las calabazas del peregrino sufren de anorexia.

19.- Los grajos son los teloneros de los muladares.

20.- Estacionada en las vías de la maqueta de ferrocarril, la escolopendra acechaba a la araña.

21.- ¡Por fin apareció el peluche!: dormitaba encaramado en el eucalipto del jardín.

22.- Los castaños nacen de los erizos que olvidan despertar.

23.- Las vacas lecheras están muy bien educadas: siempre almuerzan con el mantel puesto.

24.- Carracas: bocetos de cielo emborronados por la hija del pintor de paisajes.

25.- El viento se divierte en las norias de los aerogeneradores.

26.- Hay estalagmitas aterciopeladas que están bruñidas por los bostezos de los dinosaurios.

27.- Los zorzales prefieren las aceitunas de los olivares abandonados, que saben a hinojo y romero.

28.- Cualquier día las alchachofas descenderán de sus tallos y saldrán corriendo como pequeños dinosaurios.

29.- Tras enrollarse al paso de la cosechadora, la pradera quedó a la espera de que el decorador instalara la nueva moqueta.

30.- El rocío de los tarajes se deposita formando vetas de sal gema en el lecho de las ramblas.

31.- La diosa Diana cincela las hojas de los acantos que abrazan la pérgola del jardín.

32.- El árbitro suspendió el encuentro para que la margarita pudiera florecer.

33.- En la escuela de los peces los lenguados suspenden la geometría.

34.- Las ovejas comenzaron a desafinar cuando el pastor dejó de tocar la flauta.

35.- Bajo la sombra de los pinos piñoneros dormitan las dunas.

36.- Los árboles descansan cada 29 de febrero para no confundir a sus anillos.

37.- Los garbanzos son los guijos que flotan en los remansos del cocido.

38.- La cuclilla aborrece al reloj de pared digital.

39.- En los granados se tiñen de coral los dientecillos que esconde el ratoncito Pérez.

40.- ¡Qué travesura!: el niño pintó alas a los limones de la cesta y salieron volando media docena de oropéndolas.

41.- El jardinero enamorado sembró los arriates con margaritas de tépalos impares.

42.- Aquella nogala da nueces calafateadas porque nació de un barquito que encalló en el remanso.

43.- Los nenúfares son reflejos de nubes que se quedaron dormidos en el estanque.

44.- La bruma sobre la marisma envuelve de recuerdos de tundra a los ánsares melancólicos.

45.- La mayor felicidad de una oca es padecer de hepatitis.

46.- En el fragor de la tormenta el toro del otero recibía banderillas eléctricas.

47.- Las abejas transportan el polen en los bolsillos de los pantalones.

48.- La luna pasaba rápida y nostálgica sobre el pozo seco.

49.- Es año de amapolas y de cosechar paisajes en la sementera.

50.- Dehesa: bosque de hierba en donde las encinas sestean soñolientas.

51.- Se posó la garcilla sobre el toro de madera y chapa para espurgarle las gotitas de rocío.

52.- La col es la matruska de la huerta.

53.- Le pidió ayuda el cardiólogo al jardinero para trasplantar hojitas del árbol del amor a los corazones mustios.

54.- Los molinos de viento hilvanan jirones de niebla en el collado.

55.- La abejaruca se retiró sigilosamente caminando hacia atrás para no despertar a sus polluelos.

56.- Como quiera que la hiedra tapizó las grúas del solar, el arquitecto cambió los edificios por un parque con columpios.

57.- La mesa camilla es la madriguera de las babuchas.

58.- La luna se escapó al cielo el día en que desenterraron aquella gran ostra fósil.

59.- Hubo un tiempo en que los insectos daban sepultura a sus parientes en criptas de ámbar.

60.- Cuando vemos una mariquita en la hierba volvemos al salón de juegos de nuestra infancia.

61.- Cuando salta la rana, sus ancas dudan entre quedarse rezagadas o acompañar al cuerpo que se escurre en el aire.

62.- La alondra vuela mientras canta.

63.- La gineta es tan friolera que siempre lleva puesta la bufanda en la cola.

64.- Cuando el otoño se aproxima, el sol presta las llamas del estío a los chopos de la fuente.

65.- Se escaparon las mariposas del dibujo y fueron a posarse en la señal de cambio de sentido de la autovía.

66.- La carpa engordó tanto que engulló todo el estanque.

67.- El colirrojo llama a las puertas del campo para anunciar la llegada del invierno.

68.- Nadie espera con más anhelo el fin del invierno que el nido solo del álamo desnudo.

69.- Las salamanquesas y las salamandras se le escaparon a una brujita que recitaba un conjuro.

70.- Cocodrilos: Los que moran en los niquis nacen de las pelotas de golf despistadas.

71.- Cuando los gusanitos se desparraman de su bolsa, los niños los picotean con frenesí para que no se escapen.

72.- Resonaban en el palomar los ecos de los zureos como si fuesen cantos litúrgicos de una capilla olvidada.

73.- Ornincólogo: Médico que previene los tumores recetando escuchar el canto de los pájaros.

74.- El peor enemigo de las luciérnagas es la lámpara de araña.

75.- Los helicópteros y las libélulas llevan la tilde en las aspas.

76.- Las focas ensayan en el océano las cabriolas del circo jugando con los peces globo.

77.- Entre el blancor de la superficie nevada y el cielo encapotado con los verdes cúmulos de los pinos arreciaba una tormenta de humo.

78.- La g del magnolio es profunda e intensa como el aroma de sus flores.

79.- El ratón del ordenador almacena el tamo del escritorio.

80.-  El anciano cultivaba con mimo un jardín de borduras de musgo y arriates de liquen en el murete de hormigón.

81.- Desde que no soñamos en los bosques y en los arroyos las meigas y las lamias están en trance de desaparición.

82.- El escarabajo minador hace grafitis bajo la corteza del haya.

83.- El zoológico de las nubes conserva todos los animales, los que fueron y los que serán.

84.- Hasta en los pueblos abandonados el espino celebra la noche de San Juan.

85.- La peonía guarda sus semillas en joyeritos de fieltro.

86.- Las semillas del diente de león son transportadas por los deseos de los niños.

87.- Las ballenas llevan una fuente a sus espaldas que se abre cuando les entra el hipo.

88.-Liberaron al canario de su jaulita y el alféizar se quedó mudo y nostálgico.

89.- A las estrellas nos les permiten salir de noche en la ciudad.

90.- Escuché la algarabía de las aves entre las hojas del diccionario.

91.- Bajo el alero de uralita las golondrinas construían su nido de hormigón.

92.- Los ruiseñores aprenden solfeo en las cascadas del arroyo.

93.- La crin es la cremallera que ajusta el traje de fiesta de los caballos engalanados.

94.- Canalón: Tobogán de la lluvia.

95.- Los vencejos respondían alborotados a la niña que les saludaba rechinando el columpio.

96.- La mimosa es el árbol de los pompones amarillos.

97.- Los muros vetustos están enlucidos con mortero de liquen al gotelé.

98.- Azahar: estrella de escarcha perfumada.

99.- El murciélago esconde bajo su capa las vocales del acertijo.

100.- Los corcheros pintan de almagre los troncos de los alcornoques.

José Ramón Guzmán Álvarez, marzo de 2009