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PAISAJES FORESTALES

Paisajes Literarios y Retos Forestales

 

“Los Hornilleros”  

Juan Luis González Ripoll, 1976

Los colonos


“Hace ya muchos años, dieron un decreto diciendo que todo aquel que quisiera ocupar los montes de realengo, a lo ancho y a lo largo del río principal y de sus afluentes, podía aposentarse donde quisiera y amojonar las tierras que escogiera para sacarlas de terreno nuevo y ponerlas en cultivo, y se les considerarían para siempre en propiedad, igual que si hubiese pagado por ellas. (…)

Fue entonces cuando se dejó venir una avalancha de gente (…).

Algunos llevaban consigo sus aperos y sus ganados y animales de trabajo, pero la mayoría eran tan pobreticos que no tenían nada que llevar, salvo las ilusiones, y hacían el viaje montados en sus albarcas, a lo largo de muchos días de camino, llevando a la espalda los ajuares. Cuando pasaban cerca de los poblados, la gente les cerraba las puertas como si fueran apestados, y decían: no llevan más que los hornillos para calentar lo que puedan afanar por el camino, y por eso de llevar los hornillos, empezaron a llamarles los “hornilleros”, y ese nombre les quedó para siempre; a ellos y a sus descendientes. (…)

Iban haciendo su camino, mirando donde aposentarse, y cuando llegaban a un enclave que tenía buena pinta y veían que criaba biznagas o cornitas y agracejos, que aun siendo matas riscaleras sólo se dan en tierras buenas, decían: hombre, mira qué llano, cría agracejos y parece que tiene fondo, y labrándolo puede dar cosecha. Escogían un sitio donde armar la choza, y probaban a quedarse allí. Lo más corriente es que fuesen agrupadas dos o tres familias, haciendo el camino juntas, y los hombres se ponían de acuerdo: yo voy a cortar por esta loma hasta arriba del cerro, y desde allí a aquel otro, y de ése a aquél, y todo esto es mío. Los otros hacían lo mismo: trazaban sus lindes y las amojonaban, de modo que si detrás de ellos venía otro y decía de quedarse allí, el que había llegado primero era el amo, y no había lugar a pleitos. No, aquí no puedes quedarte, le decían, que esto es mío: mira los mojones; busca más adelante y ya darás con algo que te convenga. Como se hacían las cosas antiguamente, cuando un hombre empeñaba su palabra, equivalía a una escritura.

Una vez que habían marcado las lindes, levantaban unas perchas para aserrar el pino blanco de la montaña arriba, y lo desdoblaban para sacar vigas y colañas con que hacer unas buenas techumbres, y para levantar los muros acarreaban piedras y las iban trabando o hacían adobes, para que la obra resultara firme y resistiera los fríos y las nieves. Con eso y plantar los mojones, no habían hecho más que empezar, y les quedaba por delante el trabajo más penoso y duro, que había de ocuparles varios años, a veces tanto como dura la vida, y era echar mano a rozar el monte y limpiarlo de árboles, para sacarlo de terreno nuevo y meterlo en labor.”

Cuestiones:

1. Describe, desde el punto de vista botánico y ecológico, las especies vegetales del texto.
2. ¿En qué comarca de España puede haber transcurrido este episodio?, ¿cuándo?
3. ¿Por qué se rozaba el monte?

 

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